No la estrategia. No los clientes. No las decisiones que solo tú puedes tomar. Lo otro — los informes, el copiar y pegar, la persecución, la misma respuesta escrita por cuadragésima vez.
Perseguir estados. Rehacer el mismo informe. Buscar el archivo. Solo queda alrededor de un cuarto de la semana para producción cualificada real.
Actualizaciones de estado, seguimientos, «¿cómo vamos con esto?».
Trabajo que ya hizo otra persona, hecho otra vez.
Reuniones que una nota escrita habría sustituido.
Tiene un analista de pricing.
Tiene un especialista en SEO.
Tiene un responsable de CRM.
Tiene un equipo de datos.
Tiene a alguien atendiendo a los distribuidores a tiempo completo.
Lo necesita todo.
No puede justificar un sueldo para cada cosa.
Así que esos roles se meten con calzador en personas que ya tienen un trabajo — o simplemente no ocurren.
El problema nunca fue el talento. Fue que toda una categoría de roles especializados quedó fuera del alcance de las empresas pequeñas — por coste, no por necesidad.